Enfoque dialéctico del currículo

ENFOQUE DIALÉCTICO DEL CURRÍCULO

Baltazar Lantaròn Núñez

Currículo: “Ordenador de la vida social que le da unidad, contexto

y sentido a los quehaceres humanos y hace posible la

producción, la reproducción y la transformación

de las sociedades concretas”

Bonfil Bataglia (1986)

Esta es una propuesta sobre muchas otras que podrían existir sobre el currículo. Luego de analizar y contextualizar la obra de Alicia Sequeira R. “Hacia un currículo de enfoque humanista”, se propone el constructo que denominaremos: enfoque dialéctico del currículo. (Este artículo se publicó en el 2006, cuando me desempeñaba como Director Regional de Educación de Apurímac – Perú).

Esta es una oportunidad para plasmar en blanco y negro un desafío surgido de la experiencia docente y del bagaje teórico que aprehendemos de los cientistas de la educación. Siento que esta propuesta puede generar un “nudo de reflexión” en nuestro quehacer educativo.

Considero, que la mayoría de las instituciones educativas, al elaborar su proyecto curricular institucional (PCI), no siguen los procedimientos básicos del planeamiento curricular, porque se desconoce sus propósitos y procesos. La manera como los docentes proceden en la formulación curricular es de una forma espontánea y muchas veces de espaldas al contexto donde se ubica la institución educativa, las características del escenario educativo, los protagonistas de la educación, los agentes educativos y las innovaciones y adelantos en este campo.

“El currículo entendido como la totalidad del quehacer educativo es un proceso científico e interdisciplinario. Para hacer ciencia curricular no sólo necesitamos tiempo sino también espacio de investigación y reflexión sobre los logros y desaciertos. No podemos improvisar planes y programas. El currículo es un quehacer científico que demanda procesos participativos y dialógicos”

Es necesario reconocer que, en el desarrollo de la institución educativa, que es principalmente el desarrollo curricular, no consiste en seguir a ciegas las sendas señaladas en el paradigma que impone las “nuevas corrientes pedagógicas o psicológicas”, por el contrario, es necesario asumir una posición autocrítica y de reflexión, para plantear una concepción dialéctica del currículo, la misma que nos oriente hacia nuevos horizontes educativos.

Anteriormente, se irradió una concepción academicista del currículo, donde el docente era el protagonista de la acción educativa, era el “cajero” de contenidos que se encargaba en depositar en el cerebro vacío de los estudiantes. En este modelo educativo “tradicional”, los docentes eran los únicos poseedores del conocimiento y que los estudiantes eran considerados como “esponjas” “recipientes vacíos”, “casette en blanco”, a quienes hay que depositar los conocimientos, de la forma como se efectúa un depósito bancario. A esta concepción educativa, Paulo Freire la denominaba bancaria, en la cual, el estudiante saca los conocimientos depositados por sus maestros al momento de dar un examen.

Esta manera de percibir la educación, hizo del estudiante un ser pasivo e inactivo, frente al contexto en que vivimos. Nos hacemos la pregunta: ¿Por qué la educación desempeño este papelón? Porque existieron factores internos y externos a la educación que influenciaron en la edificación de barreras para traspasar de un modelo educativo obsoleto a otro nuevo, en el que el estudiante sea considerado como sujeto principal de la educación, y muchos asumieron y asumen el facilismo de mantenerse indiferente a este desafío. Existen dos clases de docentes, aquellos pasivos que laboran en base al “esfuerzo mínimo” y contemplativos de la realidad, que son los soldados preferidos y galardonados del sistema, que “laboran” para su perennización. Y los otros, muy pocos, activos, reflexivos y creativos, que critican y enjuician los paradigmas del sistema, y proponen desde su práctica educativa nuevos enfoques con principios de desarrollo humano y compromiso social (de clase). Los primeros tienen un pensamiento convergente, aceptan su status quo y su se resignan a su destino, y los segundos un pensamiento divergente, que luchan por querer transformar desde las escuelas las estructuras educativas, culturales, sociales y económicas de nuestra actual sociedad peruana.

Existen en Apurímac y en el Perú, docentes apáticos, desconfiados, indiferentes a lo que pasa en nuestra región; contemplamos a diario escenarios donde se han perdido los valores, acusaciones de corrupción, estafa a la sociedad y el Estado, se ha declarado la “Emergencia Educativa”, los gobiernos municipales, regionales y el nacional se preocupan más en “sembrar cemento” que “sembrar educación” y desarrollar las capacidades de nuestros estudiantes. La respuesta frente a esta crítica realidad, son las famosas “recetas nuevas” que nos llegan de afuera, son las “recomendaciones especiales” de los organismos supra nacionales, que el la mayoría de las veces han sido descartadas en otras latitudes, pero se nos presenta como innovaciones y las incorporamos a nuestro quehacer educativo como acuartelados de la globalización, sin dudas ni murmuraciones, sin mayor análisis ni reflexión.

El gran pedagogo brasileño Paulo Freire, pregonaba la necesidad de cambiarle el rostro a la institución educativa, y hasta cuando vamos esperar los docentes para asumir esta propuesta de cambio, supongo que no se trata de un cambio cosmético, se está proponiendo de la responsabilidad que debe asumir la institución educativa de ser guía que oriente el quehacer formativo de la sociedad, un cambio que coadyuve a remover las estructuras de un sistema social, económico, político, educativo que genera desigualdades e injusticia, que nos oprime y violenta la libertad del ser humano.

No puede existir una educación sin contexto inmediato, mediato y global. Nuestro currículo educativo tiene que asumir una posición dialéctica que renazca de la realidad en la cual vivimos y desde aquí impulsar nuevos retos, mediante la acción y la reflexión para contribuir a la formación integral de nuestros estudiantes como seres humanos. Se tiene la tarea de recuperar y revalorar nuestro patrimonio histórico, debemos superar los clivajes existentes entre los pobladores de las siete provincias de Apurímac, por ejemplo, es necesario reformular el Area de Ciencias Sociales, donde todos los estudiantes tienen que conocer la historia y geografía de nuestra región, porque lo que no se conoce, no se quiere. Reconocer nuestra situación en donde nos encontramos, y a partir de ahí construir nuestra visión hacia donde vamos y nuestra misión como debemos de asumirla. Nuestra opción es regional, sin descuidar lo nacional y reconocer lo global.

Asistimos a diario a nuestra “aldea global” con temor compartido, especialmente en el nivel económico: la globalización con rostro económico, como lógica del mercado. Un nuevo orden económico se impone a nivel mundial, incluye a nuestro país, esta es una fase más del sistema capitalista, que se ha iniciado en nuestro continente desde el “encontronazo de las dos culturas” en 1492.

En cuanto a la globalización, lo global no podría pensarse sin nacional, regional y local, su comprensión homogenizadora sin su diferencia, su comprensión capitalista sin su generación de pobreza, su comprensión neoliberal sin la represión, su comprensión económica sin el enriquecimiento de pocos, su lógica del mercado sin la explotación, su comprensión triunfalista sin su resistencia, su comprensión ideológica sin las ideologías alternativas, su comprensión antiecológica sin la lucha por vivir en plenitud. La globalización no quiere ver sus contradicciones, las virtudes de la globalización ignoran la importancia de lo local, de la diferencia, de la explotación y de la forma como la globalización genera el enriquecimiento de pocos y el empobrecimiento de la mayoría, no puede ver su dogmatismo, su represión, la resistencia, el surgimiento de ideologías alternativas y las luchas liberadoras. Habrá quienes piensen sólo en las ventajas de la globalización o quienes piensen sólo en sus contradicciones. Los maestros no podemos evadir ninguna de ellas, hacerlo restaría valor social a nuestro quehacer educativo. Lo que no podemos obviar es que nuestra aproximación a este fenómeno de la globalización tiene que hacerse desde la América Latina, condicionada por la forma como en el contexto local se piensa puesto que vivimos en un continente donde no se originó el proceso de globalización, los conceptos que traspasan nuestras fronteras tienen importancia capital tanto en el nivel económico, social, político, educativo, en fin cultural, y no podemos evadir sus contradicciones. Por ejemplo, la globalización como expansión del sistema capitalista, como proceso neoliberal y como economía, enriquece a pocos –los que tienen el poder económico, se benefician y se incorporan al proceso globalizador – y condenan a las mayorías globalizadas a la pobreza, a la ignorancia y a la exclusión. Esas contradicciones no las podemos evadir porque son realidades que viven nuestros pueblos.

En cuanto al currículo educativo es hora que las instituciones educativas propongan una opción por un currículo que ofrece mayores posibilidades emancipatorias, procesos liberadores integrales, que implica la formación de un ser humano consciente de “ser-en-el mundo” y “con-el-mundo”, el enfoque humanista, no en el sentido individualista como el currículo liberal lo plantea sino el humanista que intencionalmente forme un ser humano lúcido, crítico y creativo, partícipe de la cotidianidad que se viven en nuestras instituciones educativas y que hay que construir o transformar. El currículo educativo no puede ser el academicista que le da prioridad al docente que dicta contenidos, que margina al estudiante, que lo convierte en un ser pasivo, sumiso y reproductor de contenidos. Las instituciones educativas deben dar el salto cualitativo al proceso cuyo quehacer académico coadyuve a la transformación de la sociedad en un espacio más vivible. Por eso, la tarea curricular debe superar sus contradicciones, la lejanía de aquellos que hacen teoría curricular en relación con la práctica concreta, que acentúa la dicotomía entre teoría y práctica, que importan acríticamente enfoques elaborados en otros contextos sin tomar en cuenta los contextos de origen que dan sentido ni los contextos locales donde pensamos aplicarlos.

Necesitamos con urgencia una aproximación curricular que tome en cuenta las contradicciones, deberá ser dialéctica, tanto para pensar el concepto de globalización y el currículo como para la superación de las contradicciones. Una posición dialéctica la consideramos acorde con el proceso de desarrollo humano de un pueblo como el nuestro y de la humanidad en su totalidad. Para ser científicos(as) y a la vez vinculados(as) con nuestras necesidades concretas nos interesa la situación global, regional y local, porque en esa dinámica dialéctica vamos contribuyendo a la formación de un ser humano integral que piensa y actúa en el escenario próximo en que vive sin olvidar el escenario global.

El currículo lleva implícita una determinada orientación ideológico-política. Por eso, el concepto de globalización en sus diferentes expresiones está presente en el concepto de currículo. El currículo como el proceso de selección y organización de cultura debe partir de un análisis crítico del proyecto histórico social y planes estratégicos de desarrollo de un pueblo, en nuestro caso, del pueblo apurimeño. Esta comprensión de currículo sugiere tomar en cuenta el contexto histórico, social, político y cultural global en el cual el mismo se construye. Entendemos por cultura, la forma “radical” (de raíz) como Freire (1976) la concibe, como “el aporte que el ser humano hace al mundo…, el resultado de su trabajo, de su esfuerzo creador y recreador”. La comprensión de currículo mencionada no contradice lo que Bonfil Batalla (1986) concibe, en un plano global, como el “ordenador de la vida social que le da unidad, contexto y sentido a los quehaceres humanos y hace posible la producción, la reproducción y la transformación de las sociedades concretas”.

Además, existe un drama social en nuestro región de Apurímac que no escapa de nuestro escenario nacional, incrementado últimamente por la globalización, como la inequidad en la distribución del bienestar en el Perú, repercutiendo en la educación, salud, nutrición y alimentación producto de la ineficacia en el gasto social. Tenemos que concebir una agenda social que considere una demanda educativa con ciertos desafíos como: conseguir mayor equidad entre la educación urbana y rural, evitar que los niños urbanos trabaja en lugar de estudiar, conseguir mayor acceso de la mujer a la educación, especialmente en el área rural, promover la educación temprana, promover la formación productiva, intensificar la lucha contra el desempleo juvenil, reducir la transmisión intergeneracional de la pobreza de las madres adolescentes, lucha frontal contra el analfabetismo, profesionalización del magisterio, respeto a la interculturalidad e igualdad de oportunidades para todos.

Frente a todo lo expuesto en los párrafos anteriores, es imprescindible reconocer que:

1. El mundo está viviendo una nueva época cuyas características no están claramente definidas, de ahí los diferentes sentidos como se comprende la globalización y el currículo educativo.

2. Los conceptos de globalización y currículo tienen además, un sentido específico en el Perú, por razones históricas tanto por su herencia precolonial como por su herencia colonial.

3. Además de los diferentes sentidos de los términos –globalización y currículo educativo– existen contradicciones internas en esos conceptos. Sin embargo, las contradicciones que interesan en el Perú son aquellas que prevalecen entre los conceptos que llegan desde fuera y los que tenemos en el nivel nacional o regional, contradicciones que debemos comprender y asumir.

4. Apurímac no se escapa del impacto de las contradicciones de la globalización y el currículo educativo. Este impacto se siente en el nivel económico, social, político y cultural.

5. El aceptar las contracciones que producen la globalización y el currículo en el nivel local, provee las condiciones para iniciar el proceso de una participación lúcida y autónoma.

6. El currículo educativo debe conducirse como proceso social, científico y técnico, y tiene que tomar en cuenta las previsiones cuantitativas y cualitativos del proceso educativo y el enfoque curricular que se priorice debe estar claramente especificado de manera que se asuman sus implicaciones sociales, culturales, políticas, económicas y éticas.

7. Existe un drama social que genera cada día mayor desigualdad y pobreza, por ello tenemos unir esfuerzos para superar esta situación crítica. En Apurímac, los maestros y autoridades tenemos que asumir el compromiso de que “si es posible otro tipo de educación”.

PROPUESTA:

1. Que el Consejo Participativo Regional de Educación (COPARE) sustente un enfoque dialéctico del currículo que se oponga a una concepción economicista elaborada por organismos supra nacionales que buscan convertir a la educación pública en un simple mecanismo de mercado.

2. Las instituciones educativas públicas deben ser un motor de cambio que conduce a la formación de ciudadanos y ciudadanas, y que tanto las autoridades educativas, los profesores y los estudiantes deberán cumplir el papel de conciencia lúcida, crítica y creativa, a favor del desarrollo humano de nuestro pueblo.

3. Que se tome en cuenta, en su quehacer educativo los intereses y problemas de sus educandos, así como de la sociedad para la cual vive. Por esta razón, los ejes temáticos que se estudien, los métodos, las técnicas, las estrategias pedagógicas y la evaluación deberán corresponder a las exigencias históricas de esos educandos y de su propio contexto.

4. Que la razón de ser del sistema educativo son los estudiantes (niños, adolescentes, jóvenes y adultos) y que son ellos los que deben de disfrutar de una educación humana, pertinente, de calidad y accesible a todos y a todas con igualdad de derechos y deberes.

5. Los profesores y las autoridades necesitan un ambiente de madurez que genere, con urgencia, espacios de reflexión educativa que los exponga a los desafíos de nuestro tiempo y a la generación de pensamiento divergente.

6. Se hace necesaria la existencia de criterios más homogéneos en relación con el fenómeno de globalización y el currículo y no dejarse llevar por tendencias políticas coyunturales que interfieran la marcha de la descentralización y autónoma educativa. Debemos aclarar que no compartimos que exista en el mundo alguna educación que no tenga significación política; al contrario, toda educación tiene significación política. Lo que afirmamos es que la gestión educativa debe llevar como política la autonomía educativa, que es el espacio necesario para que su contribución educativa sea más significativa, no en el sentido partidista sino en el sentido de la “polis”, de los intereses que beneficien al pueblo.

7. No olvidar que el trabajo educativo es una gestión humana. La institución educativa es la instancia que genera cultura, que profundiza la identidad local, nacional y que desde esta ubicación espera enriquecerse –inclusive aportar– con el conocimiento nacional y universal. La relación dialéctica entre lo universal y lo particular es lo que le da sentido a la formación humanista que esa instancia formativa pretenda.

8. La institución educativa debe tener clara su visión y misión, sus propósitos generales, los fines concretos que quiere lograr, los objetivos generales hacia dónde quiere ir y conducir su labor educativa, guiado por procesos auto evaluativos y críticos que conduzcan a la superación de las contradicciones que se presentan.

9. Que el currículo no puede ser elaborado descuidando el contexto en el cuál se impulsan los procesos formativos. en este caso, el contexto apurimeño.

10. El currículo debe ser un proceso interdisciplinario donde las disciplinas que se imparten deben ser presentadas desde la perspectiva de su interrelación y no como “estancos”, independientes, sin relación entre ellas.

11. Que el proceso curricular que se impulse nazca de las necesidades reales de la población a la cuál sirve la institución educativa y que los agentes educativos estén familiarizados con el proceso, lo conozcan, lo critiquen, lo modifiquen y que ningún procedimiento se haga a espaldas de la población y la comunidad educativa a la cual responde el currículo.

Lo que hemos pretendido es plantear algunas inquietudes nacidas de la práctica cotidiana que observamos en el quehacer educativo de Apurímac.

Urge un currículo con orientación humanista (dialéctica) que contribuya a crear hombres y mujeres con mentes inquisidoras, críticas, creativas y lúcidas. Seres humanos integrales que piensen acertadamente y contribuyan a transformar la sociedad en la cuál vivimos en una sociedad más justa y más humana.

BALTAZAR LANTARÓN NÚÑEZ

Director Regional de Educación

Ica

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